miércoles, 21 de marzo de 2012

Daniela


Enciendo mi ultimo cigarro. Disfrutando mi par de horas de descanso, mientras Marcos estaba apostado con su fusil desde la ventana. Cuanto placer era para mi inhalar aquél humo en estos tiempos.

-Marcos, ¿puedo hacerte una pregunta?.
-Digame, teniente- (Si, había llegado a ser teniente, hasta hace dos años y desde mis veinte... Era obrero y militante de un partido, todo eso antes de que comenzara la revolución)
-No me digas teniente, ya-
-Esta bien, eee Señor Rojas- (Sonreí, Rojas tampoco era mi apellido real)
-La pregunta que deseo hacerte, es ¿Como te llamas en verdad?-. (Por seguridad nuestra y las de nuestras familias y conocidos habíamos cambiado nuestros nombres).
Me queda mirando, de seguro vio lo extraña e innecesaria de la pregunta. Responde. -Me llamo Matias Figueroa, Señor. ¿Y usted?-.
-¿Yo?, bueno, antes solían llamarme Cristóbal Rodriguez-.
Ambos nos miramos, y sonreímos.

Que desubicada me pareció esta sonrisa mutua, ya que ambos sabíamos que moriríamos. Así como los 12 cabros que estaban a mi cargo. No se como mierda puedo tener este cargo, si lleve a la muerte a doce jóvenes... Eran unos niños aun, a mis 32 años, ni uno superaba los 22. Eran uno de los tantos que se encontraban haciendo el servicio militar, y que, al llegar la revolución, pasaron a nuestro bando. Soldados conscriptos y profesionales, cabos, sargentos e incluso algunos oficiales. Tiroteos y fusilamientos en favor de la revolución y de la reacción se llevaron a cabo en varios de los cuarteles. Allí verdaderamente para mi comenzó la guerra. Pues los primeros días, solo eramos grupitos armados tristemente, haciendo pequeñas escaramuzas por aquí, por haya, con el apoyo, eso si, real del pueblo.
Después de la toma de cuarteles, recién pudimos armar y preparar a gran cantidad de gente, y mas aun, nuestras filas se engrosaron con mas experimentados. Armamos un verdadero ejercito. De aquello nos separan dos años, ¡Cuanto se ha alargado!. Dos años, dos años que parecen dos décadas y aun no se ve claro ni un final, ni una luz de victoria o derrota, aun no.

¿Cuantos compañeros e visto morir?, ¡¿Cuantos de mis amigos?!, y ahora, que e ascendido a este puto cargo no puedo olvidar los rostros y las muerte de cada uno de los que, luchando bajo mis ordenes, ya no están... El Pipe, el Chico, el Guaton, el Cesar, el Roberto, la Romy, el Zorro, el Willy, el Seba, la Marga, el Cris, la Berta... Todos ellos, tan jóvenes aun, nunca siquiera supe sus nombres reales. No, no eran unos niños, eran unos verdaderos revolucionarios ¡¿Por que no puede salvarlos?! ¡Yo debí haber muerto en su lugar!. ¡Yo, no ellos!, y aquí estoy, aun vivo... Se me acabo el maldito cigarro.

-¿Disculpe?, Cristóbal.
¡Oh¡ hace tiempo que nadie me llamaba así. -Porfa, tuteame- le digo.
-Cristóbal, ¿Pensay en ellos?-.
-Si, ¿Se me nota?-.
-No se... No te pongay triste. Cada uno sabia a lo que vino, y lo arriesgada de nuestra ultima misión. En esto dos meses, jamas se lo dijimos, pero lo queríamos bastante, y quiero que sepa, que nada es su culpa. Aparte, casi todos leímos su poemas. Me gustan caleta, nos sirvió bastante pa tomar la decisión dentro de los cuarteles. Y quiero que sepa que si estamos aquí, es porque nosotros queríamos.- Luego comienza a buscarse algo en su bolsillo. -¡Tome!-, me lanza una cajetilla. Le miro, -No me quedan muchos, de hecho me quedan tres o cuatro parece, yo no quiero mas. Fumelos no mas-.

¿Cuanto deseaba seguir fumando?, pero eran sus últimos cigarros, tomo la cajita, si, habían cuatro, saco uno, y le estiro la caja con los otros dos. Me niega con la cabeza y me dice -No, de verdad fumelos, es un regalo-.

Sus palabras, su gesto, cuanta calidad en ellos, esta sera la juventud que se encargara de construir ese futuro por el que luchamos, por el que morimos, me hubiese gustado decirle un montón de cosas, pero solo atine a decir un emocionado -¡Gracias, compañero!-.

Enciendo otro cigarro, y me quedo unos momentos viendo la cajetilla... Aquí trabajaba el Rigo. Antes de que comenzara todo, recuerdo nuestra militancia, era compañero mio, y aun lo es... El ya es Capitán, uno de los mejores. ¿Donde estará? Se que esta en la misma misión. Retener el avance de las tropas reaccionarias, mientras lográbamos evacuar a la comuna hacia otra mas segura. En diferentes flancos colocamos a las escuadras, cubriéndola en un circulo junto con la ruta de escape. Perdimos la radio hace 18 días, estábamos incomunicados cuando aun eramos ocho, ahora quedamos solo dos. No sabemos si lo lograron, si las ordenes cambiaron, ¡Estamos perdidos en esta mierda!, cumpliendo la ultima orden dada, resistir la entrada a la comuna por el poniente. ¡Otra comuna perdida!. En estos tres últimos meses ya son tres. ¡Esos malditos!, esos malditos tienen armas, municiones, cosa que cada día carecemos aun mas. Nosotros en cambio debemos cuidar hasta la ultima munición. Recibieron bastante apoyo de los países imperialistas, por lo menos, mientras pudieron, por suerte la crisis y la oleada de revoluciones en los demás países ha limitado esa ayuda, o la han reducido a nada, ahora están solos y desesperados, a diferencia de nosotros, en un tiempo mas. Espero, que por lo pronto, cuando en un país se triunfe, poder recibir la ayuda necesaria, y si lo hacemos primero, darla con prontitud. ¡Y cuanta ayuda necesitamos en cada país!... De hecho, en este momento nos queda una granada y un par de cartuchos a cada uno, con mi pistola sin mas que las que están en el cargador. Aunque aveces me toco resistir, con mis anteriores escuadras, con mas cigarros que municiones, y tampoco eran muchos.

Nuestra ventaja por el contrario eran la comida y el agua, no comíamos ni bien, ni siempre, pero las fabricas, los cultivos y las bodegas estaban casi todas a nuestro control, mas el apoyo incondicional de los pobladores que nos brindaban sus casas. Nos servían de bebederos, cocinábamos y aveces eran mini hospitales de campaña, para los heridos. Por eso la urgencia de los malditos de tomarse ciertas comunas, aunque aun, era impenetrable para ellos, donde tenemos la mayor concentración.

Otro cigarro menos. Enciendo otro mas...

Que sera del Rigo, seguirá vivo, el era un verdadero dirigente de la guerra, un gran estratega, espero no haya muerto. Nos destrozaría la moral. Pero su misión, era la mas difícil, a cargo de un batallón debía resistir de frente a las tropas de los bastardos, que se venían con todo por la desesperación.

Había veces en que los mas jóvenes y menos convencidos de los malditos, se entregaban, junto con sus armas por algo de comer y un poco de agua, una vez hasta obtuvimos un tanque bajo ese trato ¡Ja!.

¿Y que sera de la Dany?, Daniela, ¡¿Cuanto te extraño?!, ¡Cuanto le amo!, Por suerte, esta pelando en otro frente, dirigiendo a unos grupos de estudiantes, universitarios, pues ella era una de ellos. No podría resistir viéndote morir bajo mis ordenes estúpidas. Hace 5 meses la vi por ultima, se veía hermosa, esa vez solo un beso nos dimos. En el saludo, y la despedida con ojos en lágrimas. ¡Mi amada compañera!. Recuerdo, recuerdo estas calles, cuando la revolución aun la veíamos tan lejos, cuando nos conocimos en el partido, las asambleas, las discusiones políticas, los piqueteos en las huelgas, las marchas, las peleas en ella, lagrimogenas, zorrillos, guanacos, caballos y piquetes... Todo eso ahora parece ser juegos de niños, ahora son balas, son bombas, ¡Es muerte!. Esa muerte que nos horrorizaba y nos extrañaba en aquellos tiempo. Hoy no podemos alegar, no podríamos cantar los nombres de los caídos, que son cientos y miles. Morimos y matamos, ¡Esto ya no es una protesta, esto es la guerra!. ¿Cuantos quedamos desde el inicio?, poquísimos, pero las filas de nuestro partido y de otros se engrosaron y se engrosan cada día mas.

Recuerdo cuando pasábamos por estas calles, cuando marchamos por estos lugares, lleno de gente, las banderas al viento con sol y con lluvia, las pancartas exigiendo nuestras justas demandas. Ahora todo esta vacío, perpetrados en escondites, un descuido y una ráfaga nos quita la vida. Ahora esta la quietud interrumpida solo por los sangrientos tiroteos.

¡Compañera mía!, ¿Que sera de ti?, ¿Vivirás aun?. Recuerdo nuestras discusiones, cuanto nos costo progresar en nuestra relación, liberarnos de tantras trabas que nos oprimieron. Dejar atrás esos celos, esa pertenencia que vuelve objeto al ser, en la fidelidad. Aprendimos a amarnos, y a amar, entre nosotros y a otros, sin importar los sexos, si no el cariño. No nos pertenecimos, en la relación abierta que con lágrimas logramos levantar, ¡La ame en realidad!, ya no como un objeto de pertenencia, mio, de mi propiedad y uso personal, si no como la compañera en esta vida, que ambos de la mano, juntos habíamos decidido andar. ¡Te extraño!, te extraño tanto y ahora cerca de la muerte, a solo cuadras de donde caminábamos de la mano, cuando te iba a buscar a la universidad. Después de la pega o antes de ella, dependiendo del turno que me tocara. ¡Cuando nos fuimos a vivir juntos!, soportarte, soportarme, y las peleas. Y en la cama, ¡Cuanto extraño a tu cuerpo reposar junto al mio!, después de entregarnos a ese, el lenguaje del amor. Tu piel en sudor, tus formas, tus sonidos... La respiración, nuestros aromas, los movimientos, las mentes y cuerpos unidos. Aprendimos a tocarnos, desde cero varias veces. A dar la caricia correcta, el beso correcto. Después, fumar un cigarro. Hablar horas y horas, por mas cansados que estuviéramos, por mas cansado que estemos al día siguiente, conversar de política, de filosofía, de los acontecimientos nacionales e internacionales debatimos con pasión, de mi pega, de tu U, de arte, de la vida. Cuanto extraño esos momentos que me hacen vivir y resistir ahora, en estas horas de agonía, que creo ya no me quedan muchas mas. Dany... Mi amiga, mi compañera, mi amor... ¡¿Seguirás viva?!, ¿Donde estarás?.

Ayer fui violada, otra vez...

Estoy desnuda, sucia... Esposada de manos y pies, sentada en un catre... Llevo la cuenta de los días solo por esa ventanita enrejada. Hace ya un mes que estoy prisionera en este infierno, cada dos dias, aveces cada día y otras varias veces en el mismo. Vienen de dos, de tres o de mas... ¡Muertos de ebrios los perros bastardos!. No vienen a sacarme información, ¡Eso de mi nunca les importo!, solo buscan saciarse en mi. Me tocan, me golpean, me insultan, me penetran... ¡Pero callo!, mi pena, mi rencor no lo manifiesto, no les daré el gusto, no me verán llorar, ni quejarme. ¡No excitare sus mentes pérfidas oyendo mis llantos y mis lamentos, ni menos mis suplicas!. Cuando ven que por mas cosas que hagan, no respondo, se enfurecen y me dan mas fuerte, me golpean, mas y mas... De seguro tengo la nariz rota desde hace dos días. Me sangro tanto, ¡Pero lo soporte!. Aveces, en su estupidez sacan su arma y comienzan a decirme que me mataran, “¡Grita perra! ¡Grita!”. Pero no hago nada, solo los miro y callo. Y cuando entre dos me toman y el otro comienza a penetrarme, solo cierro mis ojos, y trato de no pensar, o pensar que no estoy aquí, o que es una mentira, o aveces, para no llorar, a incrementar mi odio, y añorar con matarlos, a cada uno de estos miserables y estúpidos bastardos... Contengo mis lágrimas, y las cambio por ira.
Hoy no han venido. Y tampoco mi regla ha llegado. Llevo 8 días de retraso. ¡Y mi odio y mi asco por ellos es lo que hace mantenerme fuerte, digna y en pie!...

-Teniente, disculpa, Cristóbal-
-Dime-
-Si salimos vivo de esta. Creen que me den unos días de permiso-.
Sentí como la pena me desgarraba el corazón. -¿Para que quieres esos días?-
-Es que... Hace mas de tres semanas. No podemos comunicarnos, ni enviar ni recibir correo. Y... No he sabido nada de mi familia, de mis padres y de mi hermanito chico, el estaba medio enfermo cuando lo deje. La ultima vez que lo vi, me dio este soldadito, su soldadito favorito- Y del bolsillo de su casaca saca un soldadito de plástico. -Me dijo: “el te protejera”-.
Ambos nos quedamos mirando.
-¡Y vaya que lo ha hecho!-. Atino a decir. Para no quebrarme.
-Si- Matias sonrrie, mientras miraba el juguete, de seguro recordaba a su hermano.
-También, si algo me pasa, aquí en este bolsillo (que me indica mientras guardaba el soldadito) tengo tres cartas para mi familia, que e escrito en este tiempo-.
-Si salimos de esta-. Le digo. -Hablare con quien sea, para que te tomes no un día, si no todo un mes-.
Vi como su cara se ilumino de las mas pura alegría, -¡Gracias teniente!... Digo, Cristóbal-, y volvió su vista a la calle.
¡Yo por dentro quería solo llorar!, sabia que era casi imposible salir de aquí, y estoy seguro que el también, a sus 20 años, era un verdadero hombre. Me eche para atrás en silencio, con la vista hacia el techo... Pensé en sacar otro cigarro, cuando...

Un soldado que no había visto, joven, se acerca a la reja. -¿Tienes hambre?-, me pregunta. No lo miro, ni respondo, entonces se va.
Un minuto después vuelve y se agacha, me lanza por la reja una taza con agua y un pan con algo. -¡Come!-, me indica.
En verdad, tenia mucha hambre, no quería recibirlo, pero hace dos días que no comía, me acerque en silencio. Comí y bebí. Me pareció esa porquería, un manjar. Agua, pan con carne rancia.
-¿Como te llamas?-. Me pregunta.
Le miro, con odio, ¡¿Que le importa como me llamara?!. De seguro quiere abusar de mi como los demás, pero en su juventud y en su bajo rango debe tener miedo de que grite, ya que solo los oficiales mas altos tenían derecho de abusar de mi. Así que de seguro, quería convencerme de hacerlo.
-¡¿Que te importa?!-, le conteste, -¡Si quieres violarme como los demás, es cosa que habrás la maldita reja, estoy encadenada, no puedo hacer nada!, cerdo!-.
-No, no quiero. Solo te pregunte como te llamas-.
-¡Eso ¿Te importa?!-
-Solo intentaba ser amable-, me dijo con enojo.
-¿Amable? ¡Amable!... ¡Después que me han violado casi todos los días!, desde hace un mes, ¡Después de que han matado, de que han degollado a mis compañeros hombres en frente de mis ojos!. ¡Después de que a mis otras compañeras se la han llevado a padecer lo mismo que yo! ¡¿Quieres ser amable?! ¡Maldito perro bastardo!.

En su cara apareció un un gesto extraño. No era rabia, era como pena, como vergüenza.
-Yo no estoy de acuerdo con lo que te han hecho, ni con lo que le hacen a sus compañeras-. Su voz se quebró.
-No estas de acuerdo, ¡Ja!, ¡Tu y ellos son la misma basura!-.
-¡No, yo no estoy de acuerdo!-. Y sus ojos se llenaron de lágrimas.
-¿Y por que, tu no estas de acuerdo?. Le pregunte.
Mira para uno, y para otro lado, de seguro para ver si alguien venia. -Mi, mi hermana, hace mucho, cuando yo era aun un niño, fue violada, y se lo que es...-
-¡No, no sabes, no tienes idea!, le grite. -Dime, ¿que haces para que no ocurra?, lo soportas, lo vez, lo sabes y no haces nada, eres la misma mierda que ellos.
-¡No, no lo soy!- Su voz se acercaba cada vez mas al llanto.
En ese momento pensé, “Tengo, una posibilidad de escapar de esta miseria”.
-Dime, ¡¿Que diría tu hermana si te viera en lo que estas?!-
-¡Callate!. ¡Tu no sabes nada!-, me grita y se va...

-¡Cristóbal!. Veo movimientos en esa esquina.-
-¡¿Que hay?!-
-¡Parecen ser tropas reaccionarias!-.
En ese momento me voy a parar junto con mi fusil...
¡Pafff! una bala destroza la cabeza de Matias. Cae su cuerpo lentamente, resuena su fusil en el piso. La muralla queda salpicada de sangre, pedazos de cráneo y cerebro repartidos, el suelo comienza a cubrirse de rojo.

Quedo helado. Luego, comienzan a disparar ráfagas a la ventana, de fusiles y de seguro una F/A por la potencia y la rapidez, la ventana se destroza, me lanzo al suelo...
Las balas retumban en aquel lugar, algunas atravesaron la pared. Rápidamente hago un punta y codo hasta el cadáver de Matias. Lo registro, me hecho la granada y sus cargadores, luego, conteniendo mi ira y mis lágrimas, me acerco al bolsillo de su chaqueta y tomo el soldadito y las tres cartas, las guardo como a un tesoro, y con punta y codos me dirijo a la escalera del edificio...

Viene de nuevo... -¡Pasame la taza y el plato!, eran los de mi colación, y no pueden ver mis superiores que estén allí adentro.
-¡Matame!- Le digo.
-¡¿Que?!, ¡¿Como?!...
-¡Disparame!-.
-¡No puedo!-
-¡Diles que me intente fugar!-
-¡¿Como?!-
En verdad, seria casi imposible hacerlo encadenada... Por primera vez, desde que estaba en aquel lugar comencé a llorar. -¡Tu no sabes lo que es que cada día aquí, la incertidumbre de no saber cuando vendrán a abusar de mi... El que te toquen, con sus manos, y mas aun, por esas manos ensangrentadas que han quitado las vidas de mi amigos, de mis compañeros. Se que tu eres de ellos, se que tu eres enemigo, pero te lo pido, como el favor mas grande que puedo pedir, ya no quiero existir, de igual manera, se que no saldré viva de este lugar, estoy débil, enferma, y ahora embarazada por estos malditos. Tu eres el único que hasta ahora ha tenido un gesto de humanidad conmigo. Y lloro, porque me e contenido todo este tiempo, lloro porque e recordado que soy un ser humano. No un objeto que vale menos que un trapo, me han enajenado de mi cuerpo, me han destrozado y me e terminado recluyendo en una parte de mi cerebro, pero ahora me haz liberado, y te pido que acabes con esto, con este martirio diario, ya no puedo seguir viviendo de esta forma. Ayudame a salir de este infierno por favor!-.

Ambos estábamos llorando. Yo por ver la miseria de mi vida que con tanta fuerza logre resistir hasta este momento. El, por ver a su hermana en mi.

-Maria, se llamaba... Yo, yo era un niño, a ella la quería como a una madre. Era la mujer mas sensible y mas bella que jamas e conocido, era tan buena conmigo. Mi madre había muerto al poco tiempo de nacer yo, y ella, 10 años mayor se ocupo de mi. Era tan hermosa, la amaba. Mi padre solo se ocupaba de trabajar, no tuvimos nunca un mal pasar, pero en la frialdad del hogar solo, y de las nanas que solo hicieron su trabajo. Mi hermana fue esa madre que nunca tuve, mi amiga, mi todo. Cuando yo cumplí doce. Ella, un día, al regresar de la universidad. Fue violada. Al sujeto lo atraparon y lo enjuiciaron. Pero a ella la condenaron de porvida. Nunca mas fue la misma, siempre ida. Siempre ausente. Ella era tan sensible, tan débil y hermosa como la mas bella flor. Jamas lo olvido, jamas lo soporto, se marchito y un día, fui a verla a su cama, estaba llenas de pastillas a su alrededor. Maria se mato. Me dejo solo, a mis catorce años, solo. ¡Por eso odio lo que te hacen, pero no puedo, lo lamento, no puedo matarte, después, cuando lo descubran, ¿Que les diré?!... Lo lamento. No puedo- Y se fue llorando...

Quedaba doblar un pasillo, al final del corredor se encontraban las escaleras. Pero me quedo quito, agudizo al oído, ordenes y bototos se escuchaban ascendiendo por la misma. ¡Ahí venían los malditos!. Por suerte solo había una entrada. “¡No queda otra que dar la pelea!”, me dije como para darme fuerzas. Tomo mi fusil, saco mi pistola, y un poco mas haya dejo la granada. En mi bolsillo, traía un espejo envuelto en silicona con un fierrito. Esto ya me había servido en muchas ocasiones, solo debía asomar mi mano, en vez de mi cara completa. Las voces, las botas, los ruidos cada vez están mas cercanos. Mi corazón comienza a latir con fuerza, un nudo ahoga mi garganta, la adrenalina y el medio se mezclan produciéndome ya conocidas sensaciones. Les espero. Tomo mi fusil. Apenas aparezcan unos tres comenzare a disparar... Ahí va el primero, el segundo, el tercero. Dejo mi espejito. ¡Traaaaaa!. Caen los tres, oigo los gritos gritos -¡Aun quedan!-
-¡Conshaesumadres pudranse!, somos varios aun- les grito. Recargo mi fusil y comienzo a disparar nuevamente. Las balas. Ellos inician el fuego, los disparos se incrustan y algunas revotan peligrosamente la pared. Los vi moverse y parapetarse en lo que hubiera disponible, algunos unas salas, y otros unos pilares. Conté unos 5 o seis, y aun en las escaleras deben haber unos cuantos mas.
Tomo la granada, saco el seguro, suelto el seguro. Un, dos, tres, 4 (estas detonaban al segundo 5) Lanzo la granada. Uno alcanza a gritar -¡Grana!-... Abrí mi boca, y tape mis oídos ¡Explosión!....
Gritos comenzaron a llenar el corredor, les debe haber impactado a unos cuantos. -¡Conchetumadre!-, -¡Hijo de puta!-, -¡Mierda culia!-, ¡Los vamos a cagar!-, -¡Van a haber no querido nacer!-. Mientras los gritos de sus heridos y la vista de sus muertos seguían haciendo que su ira se fuera acumulando mas y mas... Ni diez metros me distanciaban de esas bestias furiosas que harían conmigo lo que fuera. Comienzan a descargar sus armas. (Hasta tenían para derrochar los muy mierdas) pienso. Menos mal no andaban con explosivos, o si no ya los hubieran usado.
En eso saco de nuevo mi espejito para ver que ocurrió y si alguno había decidido acercarse. Entonces asomo tímidamente la mano, y ¡Pafff!, sale volando el espejo junto con algunos de mis dedos... ¡El horror, el dolor!. Pero calle, no podía revelar cuantos eramos... ¿Que quedaba? yo solo contra esa jauría. Me tomo la cabeza para controlar en mi mente el dolor, luego mi pistola, y comienzo a descargarla contra ellos. Con una mano estropeada no podía recargar ya el fusil. Entonces...

Lo oigo llorar, desde el escritorio de la guardia, de seguro esta sentado llorando. Yo por mi parte, hace rato deje de hacerlo, me dolían los ojos. Me folia mi cuerpo. Me dolía ya vivir. Observo la ventanita , haya afuera era de día, de día, “De seguro mis compañeros ahora se encontraban combatiendo”, ¿Cuantos habrán muerto?, se de varios que ya no estaban con nosotros, antes de que me atraparan, ¿Cuantos mas habrán caído en este mes?. ¡Cristóbal!, ¿Que sera de ti?, lo ultimo que supe es que eras teniente y que tenias a cargo a una escuadra de jovencitos, ¡Espero sigas vivo y luchando!. Lamento tanto haber caído, aquí no puedo hacer nada mas que vivir, aunque ni eso ya quiero. En cambio están ahí, ¡Ustedes muriendo por nuestra causa!, afuera, afuera mil batallas. ¡Cuantas bajas!, el escenario no se veía bueno antes de que cayera prisionera, habíamos perdido dos comunas en la región. Y era cosa de tiempo para que una tercera también, ¡A manos de los cerdos!. Cristóbal ¡Cuanto extraño!... Nuestro “lenguaje en común”, como solíamos decirlo, ahora de esto en mi ya no queda nada. Han destruido todo, todo lo bello en mi. ¡¿Porque no morí en batalla?!. No e sabido nada mas de las compañeras, los otros presos aquí están medio muertos. ¡Agonizan o mueren!, agotados de inhumanos interrogatorios. No sabes cuanto te extraño, a ti, y todos. Aquí no se escuchan las balas, solo las voces de los cerdos, dando ordenes, los tacos, de sus ordenes, los camiones que van y vienen. De seguro estamos en uno de sus campos, es las zonas mas seguras que tienen estos. ¿Aun llora?, derrepente cesa de llorar, oí sus pasos venir hacia mi celda...

¡Supe que el fin había llegado!, con el ¡Click!, que indicaba que la pistola ya no tenia nada mas que percutar.
Pongo mi cabeza en la muralla, saco un pañuelo, perdía bastante sangre de mi mano, o lo que quedaba de ella. Así que el fin llego, ¡Aquí!. ¡Así!... Busco un pañuelo, lo amarro ¡¿Que dolor mas grande?! ¡Mierdaaaa!
Luego miro el techo sin saber que hacer, las balas seguían resonando.
La muerte, la muerte esta aquí... La muerte que vino a cada uno de ellos. La muerte de cada uno de mis compañeros, Daniela, Rigo, Matias, Cabros, Compañeros... Su muerte no es en vano, la mía tampoco lo sera, y sera digna, digna como esta lucha lo ha sido.
Voy a mi cinturón “¡Jamas pensé que ocuparía esta wueba!”. Saco mi bayoneta y sujetando el fusil entre mis piernas, la encajo como puedo. Es la ultima arma que tengo. Tomo el fusil, dispongo a pararme... La ultima arremetida.

Ahí esta en frente a mi, le miro, su rostro me dio pena, jamas pensé que sentiría pena por alguno de ellos.
-¡Date vuelta!-
Lo miro sin entender.
Saca la pistola, y me dice, -Por favor, date vuelta-.
Lo comprendí.
Me doy vuelta... Compañeros, amigos, Cristóbal... Generaciones futuras, sigan dando esta lucha, no podemos no vencer, la sangre derramada no debe ser en vano. Adiós mundo, que tanto odie, pero que me distes cosas a las que ame, y por las que luche... Porque el mañana sea hermoso, ya para todos, es porque no nos hemos quedado con nada en esta vida. Se acabo la existencia, ahora viene el vacío, el descanso, pero sin arrepentimientos. ¡Luchen, luchen, y trinfen!.
-Antes de que dispares. ¿Como te llamas?- Le pregunto
-Carlos-
Doy vuelta mi cabeza, le miro. -Jamas pensé que le diría esto a alguien como tu. Pero, gracias Carlos, de verdad...-
-¿Y tu como te llamas?-
-Daniela-
-Un gusto Daniela-
-Un gusto Carlos-
-Chao-
-Chao-
Giro la cabeza, cierro los ojos y...

Se escucha un disparo. Cinco segundo después otro. Dos cuerpos sin vida yacían en aquella cárcel, por una misma arma.

Oigo disparos y mas gritos, “¡¿Que diablos?!”
-¡Vienen por el otro lado!-. -¡Mierdas, culias!-. Mas disparos... ¡Otra explosión!. No supe que vendría, y adentro retumbo tan fuerte que creí haber quedado sordo, pues un pito sustituyo los sonidos. Por un momento el tiempo pareció detenerse, me sentí mareado. Deje mi fusil, me tome la cabeza... No se cuanto tiempo estuve así, no perdí la conciencia de lo ocurría, pero si deje de estar donde ocurría todo, luego todo vuelve. Hay mas silencio, unos cuantos pasos, una botas y otras voces... ¡Una que conocía!.

Ya nada importaba, ¡Esa voz!, saco mi cabeza por la esquina observo... ¡Era Rigo!... Me quedo una rato observándolo, ahí estaba, disparándole con su pistola a los soldados enemigos que yacían moribundos en el suelo. Teníamos por política no acarrear con prisioneros, para evitar sucumbir a la bestialidad de las torturas. Solo en ciertos casos particulares lo hacíamos. Pero a los soldados comunes, cuando los capturábamos, los matábamos o fusilábamos ahí mismo.

Me paro, mis piernas se tambalean, miro el suelo, pero después le veo de nuevo. Nos quedamos mirando un momento. En nuestras miradas nos dijimos tanto, nos quisimos tantos, doce año de ser compañeros y amigos.
-¡Capitán Garate!- Le grite (tampoco era su apellido)... Lo lamento, solo yo continuo vivo en la escuadra-. Lo dije con un nudo en mi garganta.
-¡Por lo menos tu continuas vivo!-.
-¡Pero yo tenia una responsabilidad para con ellos!. ¡No debí dejarlos morir!. Mi responsabilidad no era solo lograr la misión, si no que continuaran con vida-.
-¡No seas necio!, ¡Tu no los mataste!, los mato el enemigo, no acarrees con la culpa y la vergüenza que otros deberían sentir. Aparte, las cosas no han ido bien, parece que se enteraron de nuestros planes. No avanzaron por donde creímos, buscaron los sectores mas débiles, entraron a la comuna velozmente, con todo. ¡Ejecutaron a cientos y se llevaron prisioneros a otros tantos!. Evacuamos los que mas pudimos. Reunimos las fuerzas. Llego un llamado, que supongo no te enteraste pues perdimos comunicación contigo y tu escuadra hace dieciocho días. Reorganizamos las tropas y pudimos expulsarlos de la comuna con mayoría de bajas de ellos. Pero la dejaremos, Sacaremos a todos los que aun quedan y nos reorganizaremos en un sector mas seguro-.

Mire al suelo acongojado.

-¡Esto es una guerra!-, me dijo, -La baja de tu escuadra y de parte de la comuna es parte de esto-.
-Si, creo que tienes razón-. Luego vino a mi cabeza otra pregunta... Pero sentí vergüenza en formularla.
-Haz sabido algo de...-
-Lo lamento, Daniela esta muerta amigo, hace dos meses murió-. Me abrazo, ambos lloramos en silencio, pues eramos los tres amigos y compañeros hace mas de una década.

Siguió diciendo... -La tomaron con su escuadra, hace tres meses. A los hombres los degollaron y a las mujeres se las llevaron. Estuvo un mes encarcelada, soportando. Tu, tu sabes... Según uno de nuestros espías. Un día un soldado joven, que estaba de guardia, la mato y luego el se mato. La libero compañero-.

Quise seguir llorando, seguir lamentando la muerte de Daniela, de mi escuadra, de mis amigos y compañeros, de los que conocí y los que no, de los de esta guerra, los de las anteriores en este y en otros países, de todos los que luchamos por aquel futuro. Pero no seguí llorando. Pues no reconocí ningún rostro en los soldados jóvenes, y en algunos ya no tanto, que acompañaban a Rigo, y me dije y me di cuenta en ese momento, que no estamos solos, que esto aun no a acabado y que solo es el comienzo de ese, algo... De ese mañana que aun no hemos conquistado, pero que tarde o temprano vendrá. Sobre las bases de la sangre que este amor solidario y total ha derramado. Por el futuro nuestro y el del resto de la humanidad.

-Lo lamento Teniente rojas-... Me abrazo fuerte. -No Capitán, no lo lamentes, me siento orgulloso, lo acabo de comprender, ninguno ha muerto, sus espíritus vivos seguirán, hasta el final de la guerra y en el comienzo de la paz. Dame unos días libres, hay unas cartas y un juguete que debo entregar, y unas familias que deseo visitar...-
-Los días que quieras, pero ahora, debes curarte esa fea herida. ¡Sargento Conrrado! Venga... Lama al enfermero de guerra. -Cure al compañero- Ordena.
-Fumemos- Le extiendo a Rigo la cajetilla.
-No te preocupes, tenemos cigarros-.
-No, Fumate uno tu y uno yo, solo quedan dos, ya te contare por que...
-Esta bien, pero ahora vamos de aquí-.
Obedecí.

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