I
¡Ahí están! Agacho mi cabeza. Acelero mis pasos y con estos, los latidos en mi corazón. Voy rápido, pero sin intentar llamar la atención de los “Caballeros del Orden”. Cada vez tengo más miedo; cada día tengo que soportar este lugar. Mi trabajo se encuentra en una calle sin salida así que debo pasar por aquí, por esta avenida, donde siempre están ellos... Con sus uniformes, ataviados en una especie de armadura, sus armas desenfundadas, siempre dispuestos a hacer lo que sea para mantener todo en calma, eliminando cualquier elemento que rompa con la armonía de nuestro sistema.
Están a solo ya metros, dispuestos en su talla, al lado de su patrulla. Cuanto me gustaría ser invisible en este instante, o siempre; pasar sin ser visto, sin sospechas de que les tengo miedo, pues la gran ley dicta “El que nada hace, nada teme” mas, yo les temo mucho y no hago nada. Aprieto mis ojos, queriendo solo desaparecer, solo desear que esa calle deje de hacerse a cada paso mas larga.
Estoy ya pasando. Pero oigo un -¡Ven!-
Les miro, de seguro, de seguro con esa mirada que daría un niño asustado.
-¡Documentos!- Los busco rápidamente, se los tiendo.
Eran tres tipos. Quien me hablo, de estatura y contextura mediana y otros dos bastante más grandes y gruesos que aquel.
-¡Nombre!-
-Kf-658.9411.X2- Le respondo rápidamente.
-¿A donde vas?-
-A mi casa, señor- la voz apenas me lograba salir.
-¿De donde vienes con esa prisa?-
-Del trabajo, trabajo aquí- y apunto en dirección al hospital, pues era un funcionario en aquel lugar.
-¿Acaso temes?¿No sabes que el que nada hace nada teme?
-Se_señor, no tengo miedo- Esta vez me sentí desmayar al pronunciar las palabras.
-Tendremos que llevarte para un Control. ¡Sube!- . Con tono brusco dice esas palabras mientras apunta a una puerta abierta del vehículo. Les hace una señal a los otros dos, y me esposan por la espalda.
No proteste ¿Como podría? así que subí. Los tres abordaron el vehículo, los dos tipos grandes uno a cada lado. Quien me hablo. Que parecía ser el jefe, se puso al volante. Partimos, mis manos, y mi cuerpo transpiraban un frío intenso. Recordaba todas las historias de los que habían llevado al “Control” y sabia de muy pocas que lograban salir de allí, o si lo hacían, nunca volvieron a ser los mismos. Se pasaron mil cosas por mi cabeza, mil cosas pero ninguna solución. Estaba aterrado.
Partimos rápidamente, encendieron la baliza. Veía la ciudad mientras pasábamos. Luces y asfalto. Luces, muchas luces de colores que contrastaban con el gris del asfalto y con esos, los rostros parcos y sin vida de los hombres y mujeres caminaban en aquel momento.
Llegamos al cuartel. Se bajaron todos, me quede sentado allí hasta que escucho la orden de un -¡Bajate!-. Entramos al edificio y de ahí, por unos pasillos, directo a una sala, era enorme aquel lugar y había una gran cantidad de uniformados y civiles, estos últimos de seguro en la misma condición que yo.
Me condujeron hasta una sala pequeña, poseía una luz débil y amarillenta, las paredes eran grises. Entramos, me hicieron sentarme en una pequeña sillita que junto a una mesa conformaban todo el mobiliario de aquel lugar. Uno de los sujetos grandes tomo una carpeta y un lápiz que estaba depositado sobre la mesa.
El jefe, que yo estaba cada vez estaba más seguro de que lo era, poseía un bigote bien arreglado y unas gafas negras, su rostro era impenetrable, así como el de los otros dos, así como el de todos los demás.
El jefe me hablo. -Dime ¿Por que tienes miedo?.-
-¿Yo señor?, yo no tengo miedo.-
-¡No me contradigas imbécil!-. Grito.
Conozco bien a las sabandijas como tu- prosiguió-. Andan por ahí, como animalejos asustados y yo no entiendo de que temen; y si no lo entiendo es porque de nada se debe temer. Solo las ratas inconformes actúan así. ¿Y sabes que? Me dijo mientras se acercaba a mi. Esas ratas son peligrosas. Y me dio una bofetada.
Abrí mis ojos de par en par y comprendí que esto no iba bien para mi.
-Tienes miedo, lo siento, lo huelo bastante bien en las ratas como tú, apestan de terror.- Apenas pronuncia la ultima palabra me propina nuevamente una bofetada. Se da media vuelta y como si pensara en voz alta, comienza a decir:
-No puedo entender como existe tal clase de bastardos como ustedes. Disconformes con este grandioso sistema, antes de aquel todo era verdaderamente un caos, todos creían tener la razón, la verdad y lo que es peor de todo, creían poseer cierta libertad. Ahora, en la actualidad, no se puede si no ser feliz, todo tiene su orden, cada uno su función, todo cuadra en su perfecto limite. Nuestro régimen, nuestra fe, nuestra moral, nuestra patria nos designan cual es el camino a la buena vida, a la felicidad real. Eso es en lo único que se debería pensar; la cuestión no es como Dios y la patria le servirá a ustedes, si no como ustedes han de servir a su patria y a nuestro generoso Dios. En cambio, manga de ratas disconformes, lo único que saben hacer es quejarse una y otra vez. Exigir y exigir cada vez mas...-
Aprovechando el pequeño silencio que hace en su mente, digo con voz suplicante.
-Señor, yo no me quejo, señor...-
-¿Que no te quejas? ¡¿Que no te quejas?! ¡Ja!- Me grita a la cara. -Obvio que no te quejas-, si lo hicieras en voz alta hace ya tiempo estarías muerto. Pero aquel miedo que sientes ahora, solo refleja tu puta disconformidad. No haces nada pues no te damos la oportunidad. Las ratas como ustedes si tuvieran una miserable opción, no tardarían en clavar el cuchillo por nuestras espaldas ¡¡¡A nosotros!!! que solo buscamos su salvación de este mundo. Antes de nuestro sagrado régimen solo destruían sus vidas en estúpidas necedades, ahora que nos tienen a nosotros, sus santos guiadores, les damos una oportunidad de vivir en el bien y de llegar al cielo de las almas puras, intactos, pues solo en sus mentes pueden obrar el mal, por lo menos hasta que no descubramos como también protegerlos de sus pérfidos pensamientos. Somos santos, ¡Sus santos! y solo buscan hacernos mártires en su necedad.-
Estaba desesperado, las formas en que articulaba cada una de sus palabras solo correspondían a la de un desquiciado, cosa que vi varias veces en el hospital. Y yo seguía sin entender porque me encontraba aquí.
Nunca había cometido alguna falta, siempre, por miedo, trate de pertenecer al montón, a ese montón que vive, o actúa como si lo hiciera en esa paz de que tanto nos hablan. Vi y callé, cuantos abusos y desapariciones me entere, lo hice por miedo, como ese montón, pero ahora, yo soy quien se encuentra aquí.
Hubieron unos segundos, que me parecieron horas o minutos de silencio mientras observaba aun impávido a aquellos personajes, en aquella pieza, ¿En que maldita pesadilla me encontraba? Y sobre todo ¡¿Por que?!.
El jefe, ordeno al grandote desocupado -¡Trae la cubeta!- El otro se cuadro, haciendo sonar los tacos de sus botas de una manera tan exagerada, que en aquella pequeña pieza sonó como si fuera un verdadero disparo.
El silencio en aquel lugar reino, ninguna mirada se cruzo a pesar de que yo veía fijamente a ambos cuerpos. El tiempo comenzó a distenderse nuevamente. Sentía que agonizaba y lo peor era que sin contar las bofetadas, mi cuerpo estaba bien, pero mi mente era un deprimente caos...
En ese momento me dije, ojala entraran Ellos, así como aparecían en los periódicos, los Extremos... Con sus armas, disparando, explotando todo a su paso para liberar a los prisioneros, cuanto anhele que eso ocurriera, que me sacaran de aquel lugar. Que me liberaran de aquí, yo nunca avale a ellos, nunca los critique, por lo menos en mi cabeza, simplemente me daba lo mismo. Jamas pensé que estaría aquí, en un “Control”. Sentía tanto miedo, que me postraría a sus pies y les rogaría piedad, que me llevaran, que me liberaran de este lugar... Después de eso, no se... Solo no quería estar aquí, pero nada ocurría. De hecho, tal vez nunca existieron, si no que solo eran una invención del mismo régimen, para justificar la represión, por lo menos eso se decía en secreto la gente. Pero no se, si fueran ciertos, si fueran de verdad, les rogaría por piedad, pues no creía, dudaba, que fuese a salir de aquí.
Así, mientras pensaba esto, tratando de que no leyeran mis pensamientos. Pero en todo aquel rato ninguna mirada se cruzo, a pesar de que los seguía mirando constantemente a ambos seres que a metro y algo se distanciaban de mi.
Llega el tercer individuo con una vieja cubeta metálica, por como la traía parecía estar llena de agua. Deja la cubeta sobre la mesa, se para en frente al de bigotes y hace sonar nuevamente sus tacos como antes -¡Cumplida su orden mi Teniente, Como usted ordeno!.- Grito.
El, le miro sin verlo. Ahora más de cerca pude observar mejor aquella cubeta con más detalles, estaba vieja, oxidada, manchada de sangre y otros fluidos.
-¿Ahora vas a confesar tus delitos?- Pregunto el teniente pacientemente.
-¿Que delitos. Señor?-
Lo próximo que sentí fue un fuerte dolor el la quijada que me dio vuelta la cara. El teniente me había propinado un combo (No se de donde) que me había hecho ver manchas de colores.
-¡Te burlas de mi! ¡¿Te burlas de mi?!- Grita indignado.
-No_no señor- Respondo apenas por el dolor y un sabor a sangre comienza a escurrir en mi boca.
-¡Levantenlo!- Ordena a los otros dos, y los mastodontes hacen chocar los bototos a la par.
Me levantaron y me inclinaron a pocos centímetros de la cubeta, olía a vomito y esa agua no estaba limpia, se veían cosas en ella y sangre, mucha sangre, comencé a dar arcadas en ese mismo instante.
-¡Maldito Maricón!- Me grita un de las bestias que me sujetaba.
-Vamos a ver si aun no quieres confesar- dice el teniente, nuevamente con voz calma, pero poseedora de un maligno sarcasmo en su entonación.
-¡¿Confesar Que?!- Grite...
-Sumerjanlo- Ordeno.
Metieron mi rostro entero en esa mierda putrefacta. Trataba de levantar mi cabeza, pero los brazos de los Guardianes parecían de acero, me mantuvieron así, tuve que contener la respiración, pero el asco, la desesperación... Intente gritar allí dentro y solo conseguí tragar aquello. Sentí mas asco, comienzo a dar arcadas debajo de agua. Movía mi cuerpo, pero no lograba zafarme de esos corpulentos brazos. Mi cuerpo estaba desesperado, mi mente no reaccionaba... Hasta que me sacan y me lanzan contra la silla, con la primera bocanada de aire que tomo, comienzo a vaciar todo lo que había comido y aun más, sobre mi ropa, sobre mis pantalones y al suelo.
Escucho una voz, de uno de aquellos dos,-¡Asqueroso!- Y siento me dan una patada en la cara, que me vota de la silla. En ese mismo instante, los malditos, con la venia de su teniente, comienzan a patearme con sus puntas de fierro en el suelo, no podía cubrir mis rostro pues tenia aun las manos esposadas por la espalda. Trate de proteger mis genitales y mi estomago inclinando mis piernas en posición fetal. Pero mientras uno seguía pateando sin piedad, el otro se agacha y comienza a golpearme con sus enormes puños. Que más parecían martillos de acero. El dolor venia por todas partes, quede pasmado, endurecido, no se en que posición, cerré los ojos, no quise mirar, sentía como sus botas, o sus puños, o ya no se que eran, destruían mi cara, uno incrusto directo en mi nariz, que se quebró al instante, de repente algo en mi boca. Un dolor intenso, sentía la sangre caliente escurrir por mi piel y unos trozos de mis diente nadar en sangre dento de mi boca. Un golpe en los testículos me hizo temblar, después volvieron a la cabeza... De ahí ya no recuerdo más.
Desperté sentado sobre la silla. Allí estaban los tres. Conversando de algo, me creo que hablaban de una puta que habían atrapado y follado. Se reían recordando cuando le habían metido la pistola en su entre pierna, amenazándole con dispararle, o de cuando le cortaron sus tetillas y se la metieron en la boca, o por lo menos esas palabras escuche.
Sonó un teléfono celular, uno de los grandotes contesto, su voz había cambiado. “Amor mio... ¿Yo? bien, acá en el trabajo, viendo un caso... Esperame a cenar... Los niños ¿como están?, haz que se duerman temprano, llegare cansado. Esperame, tu sabes como (y le hace un gesto insinuante a sus compañeros). Besos para ti, te amo, dale un abrazo a los niños de mi parte, diles que si hacen bien su tarea papá les tendrá una sorpresa mañana por la mañana... Jaja... Un par de juguetes que me conseguí en los allanamientos... De esos nuevos que aparecen en la tele... Ya amor te dejo, estoy trabajando, besitos, adiós.” Apago su aparato y lo metió al bolsillo, los otros dos les dijeron algo que no alcance a comprender, los tres rieron.
Luego volvieron sus miradas hacia mi, como recordando que aun estaba yo. Y sus rostros cambiaron, sus miradas, que por unos momentos parecieron ser normales, se endurecieron, y no fue si no odio lo que vi en esos rostros.
-Así que despertó por fin la maricona durmiente.- Dijo uno de ellos en son de broma.
No había sentido tanto dolor, si no hasta aquel instante. Recordé donde estaba, cuanto me dolía todo, mi cuerpo temblaba. Estaba agotado. Era un dolor, ya no sectorizado si no que total, ocupaba mi ser. Sentí mi rostro hinchado, el ojo izquierdo no podía abrirlo, la sangre se había secado. Moví mis labios, eran enormes y dolientes, con mi lengua toque mis dientes, faltaban dos, y otros tres estaban quebrados pues me pinche con las puntan, sentía el intenso sabor de la sangre. Comencé a llorar, a llorar desconsoladamente, y a preguntarme mil veces para mis adentros ¡¿Porque?!...
No hay nada que me ofusque más que las ratas mariconas- Dijo uno.
El Teniente hablo con voz normal. Como si nada hubiese pasado -¿Listo para confesar?-
-¿Confesar que?- Pregunte llorando.
Dio tres pasos adelante, saco su arma y con la cacha de la pistola golpeo mi cien. -Parece que no haz entendido bien aun. Necesitamos que delates a estos tres.- Y el que tenia antes la carpeta, la recogió nuevamente y saco una hoja en la que aparecían tres rostros. -Confiesa que sabes que sabes lo que hacen. Mi única critica a este sistema puede ser que aun tengamos que hacer unos papeleos estúpidos, de justificaciones necias. Somos expertos profesionales en nuestro trabajo, aun así deben quedar ciertos registros. Confiesa que estos tres pertenecen a los Extremos. Así podremos desocuparnos rápido e ir a allanar sus casas y reventarlos con sus familias. No te conviene demorarnos más, todos tenemos cosas que hacer luego de esto y mientras no términos, no podremos desocuparnos. Y te digo que ya nos hemos retrasado bastante contigo. Eso nos irritara cada vez mas y es justamente eso lo que no te conviene ¡¿Me entiendes?!. Se razonable, aunque te cueste. Intenta serlo por un momento.- Luego coloca el cañón de su arma en mi frente y el dedo en el gatillo. ¡¿O no?! Baja su pistola, apunta a uno de mis pies y dispara. Vi como mi pie exploto en el suelo
-¡AAARRRGGGGGGG!- Grite. -¡Haaaaa!....-
Temblé, volví a vomitar, pero ya no tenia nada que vaciar. Con su mano libre me toma del cabello, me inclina la cabeza hacia atrás y se acerca hacia mi. Tanto que pude sentir su aliento. Segunda vez que te lo pregunto, no habrá una tercera vez, ¡¿Me entiendes?!.-
-¡Pero no los conozco!- Grite desconsoladamente, llorando a lágrimas, tiritando como un perro.
-No me importa si los conoces o no, confiesalo y firma donde te indique y todo esto acabara para ti. ¡¿O prefieres que sigamos?!- Con una voz amenazante.
Uno y otro de los bastardos enormes se pusieron a cada uno de mi lado, como perros gigantes, haciendo crujir sus puños, esperando solo una orden del amo para devorarme. Pare de llorar. Mi cuerpo tembló, más que por saber lo que venia, era por desconocer de lo que eran capaces esos tres. Un frió intenso invadió todo mi cuerpo, y solo atine a decir, agachando mi cabeza -Lo confieso.-
-Aquí esta tu declaración- dice el teniente. El que tenia la tablita con las hojas en la carpeta, me la estira junto a un lápiz. -Firma aquí me dice-. Tenia por titulo, “Declaración Jurada” y había una plana escrita, pero antes de que empezara a leer el teniente me grita. -¡No leas, solo firma!.- Asistí con la cabeza, entonces el otro saca una llaves, me liberan de las esposas, mi mano tiritaba y lentamente se iba en busca del lápiz. -¡Apurate Mierda!- Me grita el de las esposas.
Intento acelerar mis movimiento, pero es poco lo que pude hacer.
Firmo y comienzo a llorar nuevamente. Más que de dolor, lloraba por la angustia de no entender que mierda pasaba aquí, de como había llegado hasta aquí.
El tenientes mira la hoja, conforme. Le ordena a los otros dos. -¡Llevenselo!.-
Entonces, con nuevas fuerzas, pero otra nueva incertidumbre en el corazón. Le pregunto -¿Adonde me llevaran?-
El teniente maldito se me queda mirando de una manera despectiva, pensando si responderme o no. Más que por ocultarme alguna información (pues más temprano que tarde sabría a donde me conducirían). La cuestión era si valía la pena seguir gastando su voz y su saliva en mi y con gran esfuerzo de misericordia, que hizo notar. Se decide a responderme. -Primero a la enfermería, para que no te mueras aun. Luego a tu celda, a la espera de tu juicio. Ya no necesitamos nada mas de ti. Ahora la ley sagrada hará su trabajo.- Da la media vuelta y los otros dos me sacan arrastrando por la puerta. Ya que no podía caminar.
Me sentía débil, las dos bestias me llevaban tomado de la axilas con uno de los brazos y con otro desde la ropa.
Adonde me llevan, las luces se quedan atrás... Mi cuerpo y mi mente se encontraban exhaustos, ¿Adonde me llevan?.
El corredor era enorme, un pasillo lúgubre y oscuro, encendido por grandes luces rectangulares que cada dos metros veía al mirar el techo. Oía gritos y ordenes salir de las puertas que te extendían a la misma distancia que las luces, por el corredor. Jamas sacare de mi memoria esos gritos de horror ¿Que hacían ahí dentro?. De seguro los torturaban como a mi, pero a medida que avanzaba, cada vez eran peores y los gritos de los Guardianes con sus ordenes y sus insultos, también. Les hable, por lo menos creo haberlo intentado una y otra vez, no estoy seguro bien si pude articular palabra alguna, no se si las fuerzas me daban.
¿Adonde me llevan?... ¿Que hago aquí?... Mi cabeza daba vueltas, era difícil mantener una idea en este estado ¿Cuanto faltaba? ¿para donde? Se me olvida que no se adonde se dirijan, los personajes, silenciosos como grandes estatuas, seguían incorruptibles en su orden.
Por fin llegamos a una puerta, el doble de ancha que lo normal. Entramos, un olor abofeteo mi cara. Había una camilla y algunos utensilios quirúrgicos, parecería una sala de hospital si no fuese por la inmundicia de aquel sitio. ¡Parecía mas bien una carnicería asquerosa!. Vendajes usados tirados por todas partes, sangre en el suelo, en las paredes. Nada era higiénico, ni siquiera los mismos utensilios. Había una figura de espalda, anotando de pie una cosas sobre una mesa.
¿Esta era la supuesta enfermería a la que me traían? Me tiran sobre la camilla y pego un grito enorme, pues había pasado a llevar mi pie ¡¿Cuanta sangre ya habré perdido?!...
Uno de los gorilas exclamo: -¡El teniente nos ordeno que trajéramos a esta porquería para que no se muera!-. El de chaqueta blanca, que supuse era un doctor, se gira. Y ¡Ohhhh! Que terrible sorpresa, era el director del hospital en que trabajaba.
En ese momento, no razone más y le dije... -¿Me recuerda? Yo trabajo en el hospital con usted, digales, digales que soy inocente, que soy un hombre de bien en esta sociedad.- Habían vueltos pequeñas esperanzas a mi pecho, esperanzas de salir con vida de aquí.
-¡Que mal educado eres!- Gesticulo con su cordial voz, que se oía tan bondadosa y profunda. -Es que acaso le estas diciendo a estos señores que hacen mal su trabajo, que son ineficaces en sus juicios e investigaciones. Yo creo plenamente en su labor y que en ella es rarísimo o simplemente imposible que se deje entrever el error.-
-¡Pero usted me conoce!, ¿Acaso he hecho algo malo alguna vez?.-
-No se, no me interesa tampoco. Por lo visto si lo hacías, si es que, como te digo, tu ahora te encuentras aquí. De igual manera les confieso, que siempre sospeche de ti, tan callado, tan para tus adentros, como si tuvieses miedo de alguna cosa y tu ya sabes “El que nada hace, nada teme” (al oír esa frase supe que estaba perdido). Les debo ser sincero, yo no te e delatado y puede que no hiciera falta hacerlo, pues nuestros Caballeros del Orden, muchas veces no necesitan de pistas para cumplir con excelencia vuestro trabajo. Mas, me arrepiento profundamente de no haberlo hecho yo antes, cuando comencé a tener mis sospechas de ti. Lamento mis señores (y se dirigió a los estúpidos grandulones) haber caído en aquel acto tan negligente.
-No se preocupe, pero para la otra ocasión, avisenos sin tardanza- Dijo uno.
-Veamos ¿Que te paso?- Me pregunta el doctor.
Tenia tanta ira, que no quise contestarle, hubieron unos segundos de silencio. Y uno de los Guardianes me grita al oído -¡Contesta desgraciado!-
Yo, incluso yo mismo me sorprendí de haber contestado eso, le dije -¿Y si no que?-
El que me había gritado salto sobre mi y lanzo una lluvia de combos, donde me cayeran.
-¡Que insolencia! Y cuanto más arrepentimiento. Pero por favor aquí no le de su correspondiente merecido, pues es la única camilla que tengo.- El otro guardián que se había quedado mirando lo sujeta del hombro. -¡Ya basta! Si ahora se hace el valiente porque sabe que esta muerto.- Los tres personajes se miran con una sonrisa cómplice y luego comienzan a reír, luego a dar carcajadas enormes en el lugar, llegaron a llorar de la risa como si hubiese sido el mejor chiste del universo, mi vida.
Luego, cuando comenzó a cesar su ataque de risa, el doctor, intentando retomar su compostura le dice: -¡Oh, que excelente salida! No ha pensado en ser comediante también.- -Si, si lo e pensado doctor, en las fiestas o en las reuniones con los compañeros, siempre les entretengo un rato, ¿No es cierto?- Le dice al otro.
-Si, es verdad, y reímos mucho.-
Luego volvieron sus miradas a mi, como la de la otra vez, como si les importunara. -Bueno, volvamos al caso, que le sucedió (esta vez le pregunta a los otros).- -Usted sabe, lo de siempre, aunque mucho menos, si es una marica de primera esta porquería. Lo único es pararle la herida que le sangra en el pie.-
-Bueno, bueno, eso es fácil- Dice el doctor, fue donde su mesa y trajo consigo una especie de secador. -Este invento es genial- Le comenta a los otros dos. -Es un cauterizador, cierra cualquier herida y permite que el sujeto en cuestiona- Y me mira- Siga vivo, mientras ustedes siguen ejecutando su santo trabajo. Por favor mis estimados caballeros, me harían el favor de sujetarlo.- Entonces los perros saltan antes de que terminase la petición, sobre mi. Sujetado como estaba no tenia oportunidad de moverme, solo quedaba gritar, y lo hice, pues al encencerrado su maquinita, sacarme el calzado y el calcetín, la rozo con mi piel y un dolor broto en mi, sentía como quemaba sin reparos mi piel, un olor a carne quemada acompañaba a mi dolor y mis gritos, que más de una vez intente de contener, sin lograrlo.
Cuando ya sentía que desmayaba ceso.
-Bueno, esta listo... Pueden llevárselo, ah, pero antes...- Volvió en dirección a su mesa, dejando aquel monstruoso aparato y trayendo una jeringa.
-¡¿Que es?!- Grite.
-Nada, una solución de ciertas vitaminas y otros químicos, que harán que llegues vivo a tu juicio.-
Pide a una de las bestias que me descubra el brazo, con un gesto. Y comienza a acercarse con la enorme jeringa. -No sientas miedo- Me dijo quien me sujetaba el brazo. -Si quisiéramos matarte ya lo hubiéramos hecho y creeme, que no lo haríamos de una forma tan... ¿Como decirlo?, tranquila para ti.-
En verdad tenia razón, temía que esa aguja fuera lo ultimo que sintiera en esta vida, pero lejos de ser eso un castigo, hubiera sido una salvación.
-¡Listo!- Dice el doctor -Pueden llevárselo.- Luego se acerca a mi y con sus ojos fijos en los mios, dice para si en voz alta. -Creo que deberé tener mas cuidado al reclutar a mi gente.- Luego se da vuelta y vuelve a anotar cosas en su mesa.
Los otros dos me toman y me llevan arrastrando. De vuelta al pasillo, o al infierno, pues esos gritos que por un momento olvide volvieron a invadir mis tímpanos.
Estaba mareado, agotado... Resignado a mi cruel destino.
Así me llevaron un buen trecho, por ese pasillo, que al avanzar parecía descender, o no se bien, medio inconsciente, medio despierto... No podía razonar bien.
-¡Se me ocurrió una idea!- dijo uno, el humorista.
-¿Cual?- responde el otro.
-Jajaja y si le mostramos algo.-
-No seria mala idea-
Abrieron otra de las puertas, que se encontraba poco mas haya. Mi mente ya estaba trastornada, no quería ver nada más. Entro a una sala, como las anteriores. Allí se encontraba un sujeto gordinflón sentado en el suelo, con sus piernas entrecruzadas. Jugaba con algo, al parecer, era carne... Y viniendo de aquel lugar supuse de inmediato que se trataba de carne humana. Luego, giro mi vista hacia la otra esquina de la habitación y fue enorme mi Horror. ¡Eran niños! Cadáveres de niños,y uno, agonizante aun. Parecían no pasar los diez años ninguno de ellos, pues sus cuerpecitos aun eran pequeños. Enloquecí -¡Nooooo! ¡Eran solo niños!- Les grite.
El sujeto que estaba sentado, dejo de jugar y tranquilamente, emitiendo una sonrisa dijo así: “No. Estos no son niños, son hijos de los extremos. Sus padres eran extremos. Los extremos no creen ni en nuestro Dios, ni en la Patria, ni en nuestro gran sistema, de hecho, intentan destruirlo. Lo que hace a un ser humano es la fe, la patria y el amor por ambas. Eso es lo que te brinda un alma. Sin un alma, no eres más que un animal y en vista que sus padres no poseen alma, estos seres, de apariencia humana no son más que caricaturas de un verdadero humano”
No podía creerlo, un niño, de no más de 6 años agonizaba en la mesa y el montón de cadáveres hace poco rato parecía haber perecido. Una ira invadió mi cuerpo.
Comencé a moverme, a tratar de zafarme, a tratar de golpear, de manotear, a convulsionarme. Pero esos brazos eran como maquinas y no pude librarme, ni siquiera se movieron. Entonces les grito -¡Malditos, solo son niños! ¡Niñoooossss!-
El de los chistes no callo y salio otra vez. -Niños no, niñoides, así como humanoides.- Los tres uniformados se miraron y emitieron sonoras sonrisas. Mientras el pequeño niño, solo en esa mesa tocía sangre, tiritaba se frío, sus ojos miraban sin parpadear la luz, su vista estaba perdida. Pero de seguro que sentía, ese cuerpecito tan pequeño, el dolor.
Comencé a llorar, a llorar amargamente, mientras esas risas no la cesaba de oír y esa tos, de muerte.
Entonces comprendí de que estos, que todos estos eran unos imbéciles, que su razón no alcanzaba a ser humana. Pero no por naturaleza, como ellos insisten de los otros, si no por elección. De seguro sus ideales estúpidos les habían comido el cerebro.
Se despidieron de su compañero -Continua tu trabajo- Dijo uno. Entonces yo grite -¡Eso no es un trabajo mierda!- Pudieron haberme matado allí mismo, pero hicieron como si no me escuchaban.
Caminamos un rato en silencio,y uno, mirando siempre de frente, dice en voz alta.
-¿Sabes cuantos niños habían en las tres familias que delataste?-
Calla un segundo, luego se responde a si mismo... -Siete y todos pasaran por ahí.- Lo siguiente que observe fue de que en sus serios rostros se dibujaron unas sonrisas siniestras.
Calle... Es verdad, yo lleve a tres familias, posiblemente libres de cualquier culpa, a este infierno, a esta muerte, se los deposite a sus verdugos. Soy culpable, ¡Culpable como ellos!. No es que no lo fueran a hacer, lo harían igual, pero no importa, mi firma fue su sentencia, mi firma y mi culpa. Mi conciencia se retorcía, junto con los cuerpos que gritaban detrás de esas paredes, de las puertas. Me deje conducir por aquel lugar. Era un fantasma, sin vida ya.
Llegamos ante una puerta blindada. Por una ventanilla había un rostro observando. Se gritan algo que no puse atención, se cuadran, sus tacos suenan. Se habré la puerta. Otro olor grotesco golpea mi rostro. Luces por todas partes y cientos de celdas se alzaron ante mi. ¿Donde estábamos? Ingresamos, la puerta se cierra.
Avanzamos. Dentro de las “Jaulas”cuerpos enflaquecidos, moribundos, ojos idos, miradas penetrantes, algunos tirados en el suelo, inconscientes, varios mutilados, otros que corrían a esconderse al paso de los sujetos, un silencio, un miedo, un pavor en aquel lugar, ya no quise ver nada más, ya no pude observar a nadie más. Y mi mente decía, repetía, los rostros de aquellas tres personas, recordaba a los niños, el dolor y la culpa sobre mi, como una sombra en mi pecho que crecía y me ahogaba. El nudo en la garganta. Frene los pies, con tal fuerza y tan repentinamente que incluso las bestias se detuvieron un segundo. -¡¡¡Me arrepiento, me retracto, son inocentes, yo soy el único culpable, nunca los vi, ellos nada tenían que ver, siganme torturando, todo lo que quieran, esa es la verdad, la verdad es esta, ellos no tienen nada que ver, yo soy el culpable, yo soy uno de los Extremos, su información es falsa, falsa. Yo soy a quien buscan!!!...-
Vi como miraban los ojos de los presos, vi en sus ojos lastima, por mi, por los que había condenado, por ellos mismos, por todos... De sus ojos resecos, brotaron abundantes lágrimas.
Uno de los guardianes, solo dijo. -Lo hecho, hecho esta! Aparte, tu ya estas muerto. Solo tu juicio te mantiene vivo.-
Llegamos, dijo el otro. Me soltó, mientras el otro, sin mostrar mayor esfuerzo me sostenía, de igual manera que como me llevaban los dos. El que quedo libre saco la tarjeta, puso su huella digital y abrió la reja. Vuelve hacia mi, me toma y entre ambos me lanzan a un pequeño catre.
Cierran la reja, pero antes de que se fueran, les pregunto una cosa que no se porque se me vino a la cabeza. -¡Malditos bastardos! Si creen que soy culpable ¿Porque nunca me registraron?... Tal vez... ¿Llevaba un arma, una bomba u otra cosa?.- Se miraron y hicieron una mueca de sonreír. Uno se acerco a la raja y me grito -¡Porque sabíamos que no traías nada! ¡Idiota!- Luego me lanza un escupitajo, que no se si me llego o no. El hecho es que solo acrecentó ese sentimiento de sentirme un perro, una mierda, una escoria que no valía nada. Se fueron los dos.
Solo en la celda, comienzo a llorar en silencio y me planto de estomago cuan largo era en el catre, tenia solo una frazada vieja y hedionda a orina, no me dio asco, ya nada importaba. Solo lloraba por mi vida, que asumí ya haber perdido, sentía compasión de mi, pero sobre todo, lo que más perturbaba mi mente era haber firmado ese papel, ¡Ese maldito papel!. Haber condenado a aquellas tres familias y quien sabe, a cuantos más ¡Ohhh! Y quien sabe si a cosas mucho peor. Todo por mi miedo. Lloraba ya amargamente, apretaba con mis manos la frazada fétida, la mordía para contener mi ira, mi ira contra ellos que me habían cagado así, mi ira contra mi mismo, que había dado paso a que se cagaran con más facilidad a los demás, en especial ¡A esos niños!. Posiblemente o lógicamente igual lo hicieran, pero me remordía toda la conciencia en que yo les facilite el hacerlo. Lloraba por todos nosotros, inocentes o no. Y los culpables en este momento me parecieron los más inocentes de todos.
En estos pensamientos, en este llanto y en la ira contenida, no supe, cuando encontré el sueño.
II
Desperté, no se que hora eran, reinaba un silencio siniestro, aquí parecía que las horas no pasaban, todo continuaba igual, las mismas luces encendidas. La temperatura fría, pero sofocante. Y el silencio profundo, solo uno que otro quejido se dejaba oír en medio de esa soledad.
Me levante, quien sabe cuantas horas habían pasado. Sentado en el catre, observe la Celda. El pequeño catre, la frazada sucia, una taza de baño, un lavamanos y las tres murallas solidas de ladrillos.
Me quede un rato observándola, cada ladrillo, ladrillo por ladrillo. Cuanta firmeza se veía en la pared, mas, un ladrillo, uno solo, era tan débil, podría romperse con una mano... Pero todos, juntos, unidos por el cemento (que podría ser un mismo fin), eran tan fuerte, tan resistente. Porque no observe eso antes, tal vez hubiese muerto hace más tiempo, pero por lo menos...
Comienzo a escuchar un sonido, un crujido, como un temblor leve, pero solo recaía en las paredes ¿Que sucede? ... Cada vez se hacia más intensa una vibración, pero el piso inmóvil.... Uno de los ladrillos cae, luego otro, después otro y otro, uno a uno los ladrillos comienzan a desplomarse, el techo desaparece y una oscuridad intensa toma su lugar. La pared lenta pero continuamente se desmorona hasta la mitad, de forma irregular. La oscuridad penetraba por donde no había pared, pero yo aun podía observar todo perfectamente. A lo lejos, comienzo a ver una figura luminosa que se acerca a gran velocidad, al principio no distinguía forma, pero si su brillo amarillento. Se acerca, se acerca... Tenia una forma triangular, mas bien, piramidal. Si es una pirámide, pero lleva algo en su interior, en su centro, ahora mas de cerca observo un gran ojo, un ojo negro y enrome, que me miraba fijamente... Me levante, a pesar de que quería ocultarme, me sentí desnudo, violentado, ese ojo no se apartaba de mi, aunque yo no lo mirase. Me cubrí la cara, para no ver, pero en vez de eso extendí los brazos, las piernas, mi ropa comenzó a desvanecerse en el aire. Sentía como esa mirada me atravesaba pero no podía hacer nada para desviarla, me sentía usurpado, ultrajado. Pero continuaba inmóvil viendo a ese enorme ojo, sin pestañear.
-¡Kf-658.9411.X2!- Se escucho una voz, como un estruendo, que no venia de ni un lugar, si no solo estaba allí.
-Si, soy yo- Le conteste-
-Soy tu Juez.-
Quería huir, escapar, pero continuaba quieto, inmóvil, mi cuerpo ya no me obedecía.
-Eres considerado culpable. ¡Haz quebrantado la ley!- Continuo la voz.
-¡¿Cual ley?!-
-¡Todas!-
-¡¿Por qué?!-
-Por que yo soy la ley, porque yo soy la fe, porque yo soy la patria, porque yo soy el sistema, porque yo Soy el que Soy. El Dios. La verdad. Y tú, me perteneces, como me pertenece todo y todos. Lo que vez, todo lo que hay, patenta mi propiedad. Nada escapa a mi, nada puede permanecer desapercibido delante de mi.-
-¡Mentira!, ¡mentira!, yo no soy de nadie. Me pertenezco a mi.-
-Todo me pertenece, tus padres comieron, vivieron y murieron por mi, tus abuelos y así sucesivamente. El mundo come de mi mano. El mundo esta en mis manos. Primero fui el poder del hombre sobre la Esclavitud, luego el Imperio, luego el Reinado, más tarde el poder Comercial, el Dinero, el Capital. Como vez, he tenido muchos nombres, muchos rostros a lo largo y lo ancho de la historia. He usado miles de mascaras, estuve, estoy y estaré debajo y sobre cada piedra, de cada hombre, de cada guerra y de todas las miserias. El PODER y la Explotación del hombre sobre los hombres. Yo Soy ese nombre que encabeza todo: Civilizaciones, Religiones, banderas, clases. En todo estoy yo y lo seguiré estando por los siglos de los siglos. Nada escapa ante mi, me perteneces, como todo lo que existe.-
-¡Mentira!, ¡Tú no me controlas, tu no nos controlas, somos libres!.-
-¡¿Libres?! ¿Que sabes tu de Libertad?. Nada escapa ante mi, todos son marionetas de mis hilos, de paz y de mortandad.
-Muchos, se han revelado y se han erguido contra ti. ¡Ellos lo hacen en su Libertad!-
-¿Y que? A todos los he eliminado, con esta mano, sin piedad.-
Y de la nada, de las sombras comienza a surgir una mano enorme, con el dedo índice apuntándome.
-A todos los he apuntado, los he señalado y los he acabado. Como contigo lo haré ahora. No son más que basuras, contratiempos miserables. Ni uno se me a escapado. Me e servido de rostros, diversos, hasta de algunos que en sus discursos han hablado contra mi. Pero al fin y al cabo. Solo son un arma eficaz de mi Voluntad.-
Veía como la mano se hace más grande y se acercaba cada vez mas a mi, hacia mi pecho.
-Ahora acaba tu juicio, todo acaba aquí para ti. Este es mi mundo y quien así no lo crea, eliminado sera.-
Su dedo toco mi pecho, mi piel y comienza a hacer una presión que no retrocede, si no que avanza a cada instante.
-¡Si!, haz ganado, haz ganado hasta hoy. ¡¿Pero por cuanto tiempo sera?!. Algún día, tu y los tuyos, caerán. Algún día, hartos de ti y de tus perros, quienes hasta hoy controlas se alzaran.-
-¿Lo harán? Y tú ¿Que me dices tú? Tu que siempre fuiste útil para mi. Tu Miedo es mi Victoria. Tu miedo se replica sobre esas miles de cabezas con las que ahora tu me amenazas.
-Si y me arrepiento, con mi vida, que hoy pierdo ante ti. Pero confío, confío, en que algún día, nos demos cuenta a tiempo. Que a tiempo veamos la realidad. Que unidos somos invencibles. Que tu poder se basa solo en nuestro miedo, que el miedo es nuestra derrota. Que nosotros somos quienes te construimos día a día. Que somos nosotros y no tu el Poder. Y que nosotros somos quienes podemos destruirte, cuando nos organizamos, lo hagamos.-
-Pero que valiente, que valiente eres ahora. Que todo a acabado para ti-
Su dedo avanzo con más fuerza. Se enterró en mi piel aplastando mis órganos . Comencé a escupir sangre. Mis Costillas sonaron, se quebraron, moría en aquel lugar, moría como un insecto, solo, solo...
-Siempre te he odiado, siempre lo he hecho. Y me aleje, estuve solo, no luche, no pelee. Pero mirame, se que lo harán. Se que tu yugo algún día les hartara. Y que esa rabia, ese rencor, esa ira que haz incubado en nuestros corazones. Serán nuestra fuerza que vencerá el miedo. Y cuando venzamos el miedo. Tu única arma miserable. No tendrás ya con que contenernos. Nuestra ira, que acabara contigo. Ese día, tarde o temprano llegara y tu en toda tu grandeza y en todo tu poder caerás. Y todo sera diferente. No dejaremos paso a ti. Nunca más pasaras, porque ya no existirás.
-No lo creo-
Su dedo se hundió, mis órganos reventaron, mis pulmones... Se me acaba el aire.
-No importa que lo creas o no, así sera. ¡Ya con tu miedo no nos controlaras!, no nos contro_la_ra...
-Eso, esta por verse...-
No hay comentarios:
Publicar un comentario