El instinto se desliza estrepitosa y suavemente. La llamada... ¡El clarín de batalla!
Las murallas ya no son el impedimento para la conquista de la ciudadela;
las murallas son el objetivo, el tesoro mas preciado, por el que morir no es en vano...
La danza primigenia comienza, al ritmo de nuestros corazones, perdidos, prohibidos en el canto de nuestros gemidos y suspiros, delirios. Perderse para encontrarse aquí, más vivo que en mí, tú en mí, yo en ti sin saber de mí, de nosotros. De nosotros que luchamos, que combatimos, de esos besos que duelen, mordidas que parecen besos. "Sólo disfraces del odio y del amor". Desgarrarte, alimentarme de ti, escarbar en tu pecho, y es la desesperación de no poder encontrar freno, a ese deseo despiadado. ¡Para! ¡Cuando parar? ¡Proseguir sin más ni más!. El entierro, profundo misterio, unión primordial, de dos seres unidos en la carne y en el placer, en el sudor que baña y recorre deslizándose por la piel, humedeciéndolo todo a su paso, perfumes... ¿Qué perfume se puede comparar a esta fetidez de los cuerpos? Nada más sabroso, que nuestros jugos mezclarse en ese devenir de sensaciones. ¡Sudor y fluidos! Dulzura extrema.
Allí estás, aprietas mi piel en tu piel. Exhalas, gimes y te ahogas muriendo una y otra vez en mis brazos que te recorren, te entregas. Tus ojos, ¿Dónde es que miran esos tu ojos cerrados? ¿Que piensas amiga mía cuando te veo tan dulcemente perdida, lejana, ajena e incapaz...? Y te siento, te tomo y paso mis uñas por tu cuerpo, resucitas desde lo alto sólo por un momento, y repites al instante mi acción, y siento el dolor que sientes tú, y siento que confundo ese dolor con la muerte por el placer que me produces tú, y pienso sin recordar que vivo o que estoy en un sueño, me pierdo, voy, pero vuelvo. Vuelvo aquí contigo para observarte, para contemplarte. Seguimos abrazados conversando, debatiendo a gritos en mudos gestos de ese lenguaje extraño, que nos une, en el acto. Tu boca en mi boca y tus dientes desgarran mi piel, cicatriz del placer, permaneces tatuada en mis recuerdos días y noches enteras. ¡Entierros!, tic tac del segundo a la velocidad, corazón de reloj-acción de placer. Orgasmo que coqueteas en la esquina oculta de penumbras, bella y dulce, te muestras esquiva en tu figura, la luz en la noche refleja la piel, la figura de perla. ¡Espasmos!, aprieto mi cuerpo. Contener, contener para no escapar al largo viaje, quiero quedarme contigo, un poco más, quiero verte así, un poco más, quiero desearte sólo un poco más...
Un poco más de tu calor, de tu piel, de tu forma que se retuerce como un animal en tortura, como muerte, como la más feliz de las muertes. Y seguimos arrimados a este baile. El tiempo, ¿Dónde se ha ido?...
¡Oh, tiempo! Respetuoso señor has abandonado nuestra habitación. Los minutos parecen horas, las noches días, y los días noches, y ¡¿Qué se yo?! Importa acaso la medición de los hombres ¡Hoy!, o no hoy, ¡Ahora!, es el ahora, somos sólo dos seres, entregados. Absortos en éste, el más dulce de todos los juegos.
... luz, Luz, ¡LUZ!... ¡Revientas!... Sólo queda Oscuridad y Tinieblas...
Llorar el grito desesperado del despertar de un sublime sueño. Arrastrar esos pasos sin mirar atrás. Existir de nuevo. Volver de estar perdido en la venturosa muerte, fijándonos las mismas miradas al silencio, deseando volver al fúnebre ritual perverso. Es la cuerda que cuelga sobre la viga, amenaza de vida. Pero aún no puedo, lo lamento. El frío que congela hasta los huesos. Te abrazo, pero solo por respeto.
Comienzas a ser bella nuevamente, flor que floreces, ¡Mas que antes tal vez! ¿Podrá ser cierto? Escapas al instante, corres desnuda por las praderas, por las calles, los mares y los cementerios de sangre y fluidos corporales... Y la putrefacción vuelve a ser el perfume del placer. Y la muerte vuelve a acechar nuestros instantes y todo comienza a ser aún, mejor que antes.
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